ADOQUINES Un año acaba y quizás es el momento de hacer balance de un tema que a mí me ha preocupado durante el año. Que no digo que sea lo único ni lo principal, pero sí que creo merece algún comentario. Durante este año escribí sobre el nuevo, (digo nuevo de forma irónica pero eso ya lo veremos a lo largo de escrito) adoquinado de la calle San Nicolás y alrededores. Aunque sólo sea por ser una calle con el mayor porcentaje por metro cuadrado de maravillas arquitectónicas, ej. El prestigioso Museo Gustavo de Maeztu, se merecerían más atención. Además, creo que ahora es el tiempo de hacerlo porque luego llegaran las elecciones y volverán a hablarnos de lo que van hacer y no han sido capaces de forjar en estos años. Y por otra parte, quienes salgan elegidos, tendrán la tan manida excusa de, eso lo hizo la anterior corporación, como si ellos se cayeran de un guindo. Ha pasado casi un año y medio en el que se dieron por concluidas las obras de dicha calle y a la primera nevada y con las siguientes lluvias el adoquín se deshace como azúcar en un café, creando una imagen de desidia y dejadez a la vez que de viejo y peligroso. No lo deseo, pero si alguien se cayese por esa falta de adoquines se merecerían que el afectado o afectada, llevase al equipo de gobierno a los tribunales y a pagar de su bolsillo las responsabilidades habidas. Yo no voy a entrar en si el material era el adecuado o si ya se sabía que en otros lugares había tenido el mismo problema. Lo que quiero dejar constancia es de la inoperatividad de una corporación que no sabe, o no quiere, ella sabrá porqué, cumplir con su obligación de exigir que lo que ella paga se haga bien. Y si lo está haciendo, poco o nulo predicamento tiene en sus demandas. Quizás sea porque no lo hacen con su dinero, no lo sé. Y de eso va este escrito, que digo yo, si no es posible llevar a los juzgados a la propia corporación por negligencia en el desarrollo de su labor en el buen gasto de nuestros impuestos. ¿Acaso usted no mandaría a la calle a un gerente de una empresa si actuase de forma tan deficiente? Pues en este caso también. ¿O acaso el dinero de todos tiene menos valor? ¿Si lo tuviesen que pagar ellos de su bolsillo actuarían así? No creo que sirva para mucho estas palabras porque ellos van a lo suyo, que no sé lo que es, pero que seguro es muy importante, aunque no lo sea para la ciudad o lo que es lo mismo, para todos, pero que seguro que para ellos sí. Pero si algún grupo político quisiese creo podría echar a juicio al equipo de
viernes, 24 de diciembre de 2010
ESTELLA, CALLE SAN NICOLAS
ADOQUINES Un año acaba y quizás es el momento de hacer balance de un tema que a mí me ha preocupado durante el año. Que no digo que sea lo único ni lo principal, pero sí que creo merece algún comentario. Durante este año escribí sobre el nuevo, (digo nuevo de forma irónica pero eso ya lo veremos a lo largo de escrito) adoquinado de la calle San Nicolás y alrededores. Aunque sólo sea por ser una calle con el mayor porcentaje por metro cuadrado de maravillas arquitectónicas, ej. El prestigioso Museo Gustavo de Maeztu, se merecerían más atención. Además, creo que ahora es el tiempo de hacerlo porque luego llegaran las elecciones y volverán a hablarnos de lo que van hacer y no han sido capaces de forjar en estos años. Y por otra parte, quienes salgan elegidos, tendrán la tan manida excusa de, eso lo hizo la anterior corporación, como si ellos se cayeran de un guindo. Ha pasado casi un año y medio en el que se dieron por concluidas las obras de dicha calle y a la primera nevada y con las siguientes lluvias el adoquín se deshace como azúcar en un café, creando una imagen de desidia y dejadez a la vez que de viejo y peligroso. No lo deseo, pero si alguien se cayese por esa falta de adoquines se merecerían que el afectado o afectada, llevase al equipo de gobierno a los tribunales y a pagar de su bolsillo las responsabilidades habidas. Yo no voy a entrar en si el material era el adecuado o si ya se sabía que en otros lugares había tenido el mismo problema. Lo que quiero dejar constancia es de la inoperatividad de una corporación que no sabe, o no quiere, ella sabrá porqué, cumplir con su obligación de exigir que lo que ella paga se haga bien. Y si lo está haciendo, poco o nulo predicamento tiene en sus demandas. Quizás sea porque no lo hacen con su dinero, no lo sé. Y de eso va este escrito, que digo yo, si no es posible llevar a los juzgados a la propia corporación por negligencia en el desarrollo de su labor en el buen gasto de nuestros impuestos. ¿Acaso usted no mandaría a la calle a un gerente de una empresa si actuase de forma tan deficiente? Pues en este caso también. ¿O acaso el dinero de todos tiene menos valor? ¿Si lo tuviesen que pagar ellos de su bolsillo actuarían así? No creo que sirva para mucho estas palabras porque ellos van a lo suyo, que no sé lo que es, pero que seguro es muy importante, aunque no lo sea para la ciudad o lo que es lo mismo, para todos, pero que seguro que para ellos sí. Pero si algún grupo político quisiese creo podría echar a juicio al equipo de
sábado, 11 de diciembre de 2010
FRÍO OTOÑO
sábado, 4 de diciembre de 2010
VILLAMAYOR DE MONJARDIN
Hablar de Villamayor de Monjardín una villa casi tan antigua como la propia historia, no es cosa baladí. La villa, situada a las faldas del monte Deio, es un punto de referencia para cualquiera que quiera conocer algo de la historia del viejo reino de Navarra, o que quiera recorrer el camino de Santiago.
Fortaleza o castillo de los primeros reyes de Navarra, aliados de los Beni Qasi, resistió las embestidas del poderoso emperador Carlomagno, para desalojar de él al príncipe navarro Fura, y dio paso a una de las más maravillosas leyendas que existen sobre la villa, y que la cargan de esoterismo.
La belleza del entorno y la determinación de sus moradores, debió de calar tan hondo en la memoria del emperador y sus seguidores, que incluso en el arcón que contienen sus restos mortales allá en Aquisgran, mandó tallar la referencia a dicha batalla, o a que Turpín la relatara en sus crónicas.
Desde su castillo, la vista se satura de todos los colores, de los rojos de la Berrueza, de los ocres de la ribera y de los verdes de las laderas de los cerros de Araneta y de la sierra de Urbasa. Y hay que respirar hondo y profundo, y dejar que el cuerpo se llene de los perfumes de los campos, de tomillo y romero, de trigo y cebada, y sobre todo de uva. Uva de carasol, suave y olorosa, fruto nuevo de vieja artesanía que llena las bodegas de buenos vinos.
La villa se estructura como todas las del camino de Santiago, en paralelo con su recorrido, pero no olvida a su antiguo valedor y se acerca hacia las faldas del monte buscando el refugio del castillo, que aunque desprovisto de sus almenas, -que dicen las crónicas tenían más de quince metros-, sigue protegiendo al pueblo de los fríos aires norteños.
Villamayor de Monjardín, escapa del despoblado y es uno de esos pocos pueblos en los que los pobladores se niegan a abandonar, y muy al contrario aumenta y se consolida. Gente determinante y decidida en hacer prevalecer sus costumbres y derechos, llegando incluso a pleitear por ellos. Como cuando en 1.298 llevaron al propio rey a los tribunales, disputándose la propiedad del monte Larramecozabala.
Casas blasonadas, y de buen porte llenan sus calles y dicen mucho de la nobleza de sus pobladores. En la villa han vivido y pernoctado desde los primeros reyes Navarros, Sancho Garcés I, y II, hasta el ultimo pretendiente en la primera guerra carlista D. Carlos Maria Isidro. Pero sobre todo, la villa es un remanso de paz y tranquilidad, - sólo rota por el trinar de los pájaros o las campanas de su vieja iglesia del románico rural-, y donde dejar que los pensamientos fluyan llenos de serenidad. Pasear camino de Chope, el viejo despoblado de Adarreta, o de la Balsa, pueden sacarte de la ingratitud del urbanismo para integrarte en la naturaleza. Sin olvidar la subida el primero de Mayo hasta el castillo, y poder besar la antigua y bella Cruz procesional de estilo románico, y que como todo buen icono religioso cargada de misterio y milagro. O acercarse a beber el agua de la fuente del Moro, cueva-bóveda de sillería, y bajar sus escaleras para encontrase con el liquido elemento que brota de las entrañas de la tierra, y que ha saciado durante siglos la sed de los peregrinos, y donde los viejos trasgos medievales del castillo, las noches de luna clara, bajan para verse reflejados en ellas.
En definitiva, un pueblo donde se puede vivir, visitar paseando o yantar en la magnifica bodega-restaurante Castillo de Monjardín.
JULIÁN RUIZ BUJANDA
Fortaleza o castillo de los primeros reyes de Navarra, aliados de los Beni Qasi, resistió las embestidas del poderoso emperador Carlomagno, para desalojar de él al príncipe navarro Fura, y dio paso a una de las más maravillosas leyendas que existen sobre la villa, y que la cargan de esoterismo.
La belleza del entorno y la determinación de sus moradores, debió de calar tan hondo en la memoria del emperador y sus seguidores, que incluso en el arcón que contienen sus restos mortales allá en Aquisgran, mandó tallar la referencia a dicha batalla, o a que Turpín la relatara en sus crónicas.
Desde su castillo, la vista se satura de todos los colores, de los rojos de la Berrueza, de los ocres de la ribera y de los verdes de las laderas de los cerros de Araneta y de la sierra de Urbasa. Y hay que respirar hondo y profundo, y dejar que el cuerpo se llene de los perfumes de los campos, de tomillo y romero, de trigo y cebada, y sobre todo de uva. Uva de carasol, suave y olorosa, fruto nuevo de vieja artesanía que llena las bodegas de buenos vinos.
La villa se estructura como todas las del camino de Santiago, en paralelo con su recorrido, pero no olvida a su antiguo valedor y se acerca hacia las faldas del monte buscando el refugio del castillo, que aunque desprovisto de sus almenas, -que dicen las crónicas tenían más de quince metros-, sigue protegiendo al pueblo de los fríos aires norteños.
Villamayor de Monjardín, escapa del despoblado y es uno de esos pocos pueblos en los que los pobladores se niegan a abandonar, y muy al contrario aumenta y se consolida. Gente determinante y decidida en hacer prevalecer sus costumbres y derechos, llegando incluso a pleitear por ellos. Como cuando en 1.298 llevaron al propio rey a los tribunales, disputándose la propiedad del monte Larramecozabala.
Casas blasonadas, y de buen porte llenan sus calles y dicen mucho de la nobleza de sus pobladores. En la villa han vivido y pernoctado desde los primeros reyes Navarros, Sancho Garcés I, y II, hasta el ultimo pretendiente en la primera guerra carlista D. Carlos Maria Isidro. Pero sobre todo, la villa es un remanso de paz y tranquilidad, - sólo rota por el trinar de los pájaros o las campanas de su vieja iglesia del románico rural-, y donde dejar que los pensamientos fluyan llenos de serenidad. Pasear camino de Chope, el viejo despoblado de Adarreta, o de la Balsa, pueden sacarte de la ingratitud del urbanismo para integrarte en la naturaleza. Sin olvidar la subida el primero de Mayo hasta el castillo, y poder besar la antigua y bella Cruz procesional de estilo románico, y que como todo buen icono religioso cargada de misterio y milagro. O acercarse a beber el agua de la fuente del Moro, cueva-bóveda de sillería, y bajar sus escaleras para encontrase con el liquido elemento que brota de las entrañas de la tierra, y que ha saciado durante siglos la sed de los peregrinos, y donde los viejos trasgos medievales del castillo, las noches de luna clara, bajan para verse reflejados en ellas.
En definitiva, un pueblo donde se puede vivir, visitar paseando o yantar en la magnifica bodega-restaurante Castillo de Monjardín.
JULIÁN RUIZ BUJANDA
viernes, 3 de diciembre de 2010
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