sábado, 11 de diciembre de 2010



FRÍO OTOÑO

Sin apenas tiempo a que las hojas caigan de sus árboles, ya nos han metido en la navidad! Y luego dicen que no hay cambio climático! ¿O será que es un cambio en las formas y maneras del marketing? De cualquier manera, es como si quisiéramos correr para dejar cuanto antes atrás los rigores de un tiempo que se nos presume frío y difícil. Y no sólo por lo climático, sino por el vaivén de las noticias económicas, muchas de ellas más frías que el peor hielo, y que nos enfrían el espíritu y agrandan el sentimiento de impotencia. Una impotencia dada por no saber a quién culpar, a no ser a ese ente tan abstracto que llamamos el mercado, en un eufemismo para no decir nido de especuladores, que tiene nombres y apellidos pero de los que nada nos dicen. Y lo peor de todo es que casi nadie tiene abrigo para ese frío a no ser que se sea banquero, con lo cual puede disponer del dinero de todos, o  político de primera fila. De esos que pueden pagarse una comida a escote de a cuatrocientos veintiséis euros el plato. Antes para aplacar el ánimo se hablaba de un otoño caliente, que era como decir que los ánimos estaban al rojo vivo y cualquier cosa podía pasar, pero eso era antes de que los sindicatos fueran lo que son. También se podía recurrir a decir aquellos de que a todo cerdo le llega su san Martín, pero ya ni eso. Además, queda tan lejos el santo y la matanza, que todavía nos quedan muchas nieblas que pasar y muchos cambios por ver, en un gobierno que camina por donde le digan los que de verdad mandan. Porque no nos engañemos, ni usted ni yo somos nada a no ser que se esté en tiempo de elecciones, porque entonces usted, como todos, es un potencial cliente de un gran banco llamado gobernabilidad y progreso de cartera ajena, donde podrá depositar sus ilusiones para el buen vivir de los anteriormente mencionados. Así que a abrigarse que corre mal tiempo para la lírica.
Julián R. Bujanda. 

sábado, 4 de diciembre de 2010

VILLAMAYOR DE MONJARDIN

Hablar de Villamayor de Monjardín una villa casi tan antigua como la propia historia, no es cosa baladí. La villa, situada a las faldas del monte Deio, es un punto de referencia para cualquiera que quiera conocer algo de la historia del viejo reino de Navarra, o que quiera recorrer el camino de Santiago.
Fortaleza o castillo de los primeros reyes de Navarra, aliados de los Beni Qasi, resistió las embestidas del poderoso emperador Carlomagno, para desalojar de él al príncipe navarro Fura, y dio paso a una de las más maravillosas leyendas que existen sobre la villa, y que la cargan de esoterismo.
La belleza del entorno y la determinación de sus moradores, debió de calar tan hondo en la memoria del emperador y sus seguidores, que incluso en el arcón que contienen sus restos mortales allá en Aquisgran, mandó tallar la referencia a dicha batalla, o a que Turpín la relatara en sus crónicas.
Desde su castillo, la vista se satura de todos los colores, de los rojos de la Berrueza, de los ocres de la ribera y de los verdes de las laderas de los cerros de Araneta y de la sierra de Urbasa. Y hay que respirar hondo y profundo, y dejar que el cuerpo se llene de los perfumes de los campos, de tomillo y romero, de trigo y cebada, y sobre todo de uva. Uva de carasol, suave y olorosa, fruto nuevo de vieja artesanía que llena las bodegas de buenos vinos.
La villa se estructura como todas las del camino de Santiago, en paralelo con su recorrido, pero no olvida a su antiguo valedor y se acerca hacia las faldas del monte buscando el refugio del castillo, que aunque desprovisto de sus almenas, -que dicen las crónicas tenían más de quince metros-, sigue protegiendo al pueblo de los fríos aires norteños.
Villamayor de Monjardín, escapa del despoblado y es uno de esos pocos pueblos en los que los pobladores se niegan a abandonar, y muy al contrario aumenta y se consolida. Gente determinante y decidida en hacer prevalecer sus costumbres y derechos, llegando incluso a pleitear por ellos. Como cuando en 1.298 llevaron al propio rey a los tribunales, disputándose la propiedad del monte Larramecozabala.
Casas blasonadas, y de buen porte llenan sus calles y dicen mucho de la nobleza de sus pobladores. En la villa han vivido y pernoctado desde los primeros reyes Navarros, Sancho Garcés I, y II, hasta el ultimo pretendiente en la primera guerra carlista D. Carlos Maria Isidro. Pero sobre todo, la villa es un remanso de paz y tranquilidad, - sólo rota por el trinar de los pájaros o las campanas de su vieja iglesia del románico rural-, y donde dejar que los pensamientos fluyan llenos de serenidad. Pasear camino de Chope, el viejo despoblado de Adarreta, o de la Balsa, pueden sacarte de la ingratitud del urbanismo para integrarte en la naturaleza. Sin olvidar la subida el primero de Mayo hasta el castillo, y poder besar la antigua y bella Cruz procesional de estilo románico, y que como todo buen icono religioso cargada de misterio y milagro. O acercarse a beber el agua de la fuente del Moro, cueva-bóveda de sillería, y bajar sus escaleras para encontrase con el liquido elemento que brota de las entrañas de la tierra, y que ha saciado durante siglos la sed de los peregrinos, y donde los viejos trasgos medievales del castillo, las noches de luna clara, bajan para verse reflejados en ellas.
En definitiva, un pueblo donde se puede vivir, visitar paseando o yantar en la magnifica bodega-restaurante Castillo de Monjardín.


JULIÁN RUIZ BUJANDA

domingo, 28 de noviembre de 2010

 Lolo
No tenía por qué hacerlo ni nada que agradecer a quien lo miraba porque no podía ver y sin embargo con aquellos ojos sin luz su mirada era alegre y vivaracha. Quizá el haber nacido con unas cataratas lo había predestinado a una muerte prematura y era su forma de agradecer el seguir disfrutando de cada día de su vida. Apenas te acercabas, Lolo, ese perro ciego de luz y lleno de amor,  movía el rabo con el entusiasmo de un joven adolescente en plena ebullición. Pero sólo ella lo llegó a comprender y a amar como se ama a un ser desvalido, hasta crear entre ambos la complicidad que da el cariño. Primero fueron esos fines de semana en los que lo sacaba del veterinario para retrasar lo que podía suponer a medio plazo su fatal destino. Luego vinieron aquellos lametones de agradecimiento, o el entusiasmo con el que llegó a reconocer hasta sus más leves pisadas cuando se acercaba a su encuentro. Aquella simbiosis por fuerza tenía que terminar en algo bonito, en un gesto de ternura de la mejor novela romántica. Ninguno de los dos parecía resignarse a no verse, y en aquellos silencios cuando lo tenía en su regazo se comunicaban con las palabras que no suenan porque se dicen con el corazón. Después comenzó esa lucha de veterinario en veterinario hasta encontrar quien se hiciese cargo de la operación de cataratas sin ánimo del desmesurado lucro con el que algunos de ellos tratan a las mascotas, como si se tratase de caprichos y no de seres vivos. Luego vino el postoperatorio y la administración de las gotas, que más que en un problema se convirtió en la excusa perfecta para hablarse con la recién estrenada visión. El dinero no llegó más que para recuperar la visión de uno de los ojos, pero para Lolo parece ser suficiente, porque todo es nuevo y extraordinario. Yo no sé si los perros tienen lo que nosotros llamamos corazón, o son capaces de comprender lo que le ha sucedido o  si él lo hubiera hecho, pero de lo que sí estoy seguro es que lo agradecerá toda su vida. Y que cuando se miren a los ojos sus almas se encontrarán en esa complicidad que da el afecto al prójimo, sea perro o persona. Alguien dijo una vez que cuanto más conocía a los hombres más quería a su perro, yo creo que como en todo es malo generalizar, pero lo que no me cabe ninguna duda es que una sociedad también se mide por el cariño y el respeto a los seres vivos.
Una caricia para Lolo y un fraternal abrazo para Jimena, esa bella muchacha de nombre de reina antigua y espíritu de hada madrina.

domingo, 21 de noviembre de 2010

COMPORTAMIENTO

¡Así es la vida! Estas palabras por repetidas parecen tomar carta de dogma filosofal, cuando no son si no la constatación de la frivolidad del pensamiento ante unos hechos que no queremos afrontar. 


Es algo así como el ala del avestruz donde esconder la cabeza. No creo que la vida sea un cumulo de despropósitos, de un egocentrismo que al final no deja más que un mundo peor, y en el que los errores del pasado no sirven para aprender. ¿Acaso la vida es o esta  hecha para la esclavitud de muchos pueblos, la hambruna, los contratos basura, de malos tratos, de la explotación del diferente o del ingenuo? Yo creo que no, pero tampoco voy a explayarme en una disquisición quijotesca sobre el cambio de las cosas, ni quiero dar la imagen de alguien ingenuo, me conformo con rebatir por falsas las anteriores palabras. La vida no es así, la hacemos así en una sucesión de dejaciones y de falta de compromiso con la misma. Para acabar al fin, en un miedo irracional a la levedad de nuestro paso por ella. Pensando que siempre nos quedara la recurrida frase que dice, ¡así es la vida! ¿o no? Otra cosa seria si se dijera Homo homini lupus, entonces si que podría estar de acuerdo, pero eso conlleva el dejarse de comportarnos como hipócritas, para pasar a reconocer nuestra depredación animal del cuerpo y el espíritu del semejante, en un acto irracional en muchas veces de autoafirmación del yo. La vida no es así, la hacemos así. Por todo ello yo me pregunto si lo estamos haciendo bien y si realmente cuando decimos que queremos dejar un mundo mejor para nuestros descendientes, si es un deseo o simple retórica. Porque si es realmente un deseo creo que lo estamos haciendo francamente mal. Y cuando hablamos de dar cultura tendríamos que preguntarnos si lo que queremos es hacer hombres y mujeres libres, sanos y humanos o explotadores egoístas. Y siendo así, y conociendo la especie humana creo que nos estamos inclinando más por lo segundo que por lo primero. Así que luego no nos lamentemos, de que los gendarmes de la tierra sean en demasiados casos imbéciles egocéntricos. Porque quienes hacemos que la vida sea así somos nosotros.
  Julián Ruiz Bujanda